Se hace difícil explicar qué puedo aportar, en un proyecto político tan especial como Ganemos Salamanca, para cambiar el mundo. Sobre todo cuando somos tantos y creo que ya se ha dicho lo suficiente sobre qué es esto y qué perseguimos.

Es indudable que cuando se lleva viviendo medio siglo, y además en la misma ciudad, algo se ha aprendido. En algún momento he señalado lo importante que es para mí la Ecología Social, esa forma de entender nuestra relación con el entorno más allá de fijarse en los arbolitos (con lo poco que les gusta a nuestras autoridades)  o los bichos, que por supuesto también son importantes. Lo fundamental es la gente y su relación con el entorno que nos rodea y nos permite vivir. Sin él no existiríamos.

Desde el principio, y parece que ya acumulamos algún millón de años como seres supuestamente inteligentes, hemos intervenido en ese entorno para transformarlo. La capacidad que hemos alcanzado es tal que la facilidad para destruirlo es aterradora. Partimos de un sorprendente principio que nos da carta blanca moral para hacer lo que nos da la gana: el mundo es nuestro. De hecho hay quien lo posee físicamente como propietario, y lo llenan de vallas, alambradas, muros, murallas, fronteras e incluso humildes rayas en el mapa (y hay que ver lo poderosas que llegan a ser) sin ningún miramiento. Y en el interior de cada uno de esos recintos hacemos lo que queremos, bueno, sólo algunos, sin parar a pensar los problemas que se pueden generar. Por no hablar de la globalización neoliberal.

Y resulta que la primera víctima de esta forma de entender la Tierra, y lo que hay sobre ella (aunque cada vez profundizamos más) son los propios seres humanos. No hace falta recordar ese modelo económico que antepone al mercado y al crecimiento por encima de todo, al dinero. Condiciona la forma de gobierno y la organización social, supuestamente para vivir mejor. Pero no podemos obviar sus secuelas de dominación, desigualdad y sufrimiento para la mayor parte de la humanidad. Y el peligro cada vez más cierto de que nuestras propias acciones se vuelven en contra, como el cambio climático.

Puede parecer demasiado ambicioso, pero para cambiar eso es para lo que entiendo que estamos aquí. Para pensar globalmente y actuar localmente. Claro que en un Ayuntamiento no podemos llegar a todo, desde luego la economía nos queda muy lejos por ejemplo. Pero se pueden hacer muchas cosas, sobre todo ser conscientes de que gobernar y, por tanto, decidir, es cosa de toda la ciudadanía salmantina. Y que los medios que ponemos comunitariamente no pueden servir para enriquecer a unos cuantos o para hacer lo que les dé la gana a esos cuantos. Y que no podemos dejar en la cuneta a una parte de la sociedad por el capricho de unos pocos. Cuando hay medios para todos, sólo hay que repartirlos de otra manera y ser más humildes y sobrios. Aunque hay quien se empeñe en insistir en ello, este mundo no es un valle de lágrimas, son seres humanos los que lo convierten en eso.

Buscamos la felicidad, y es lo que queremos construir contando con cada una de las personas que viven en esta hermosa y vieja ciudad, (algunos barrios algo menos). Pretendemos ser el instrumento de su recuperación para la gente, para cada una de las 80.257 salmantinas y de los 67.785 salmantinos que residen en Salamanca (según el último Padrón oficial del 1 de enero de 2014). Y para los que vienen a estudiar. Y para los que residen en la provincia pero verdaderamente lo hacen aquí. Y para quienes nos visitan. Independientemente de la edad (la infancia también existe), sexo o estado o condición física, estudios, trabajo o situación personal. La decisión es tuya.