Despertarse con 13 personas asesinadas por terroristas es doloroso y causa verdadera impotencia e indignación, casi tanta como las reacciones de la caverna ultraderechista agitando banderas contra sus odiados “moros”, “rojos” y “separatistas”.


Los de siempre, los “moro mierda”, los “rojos” asquerosos (ahora también perroflautas) y los indecentes “separatistas” catalanes, que no hablan el castellano. Parece que la derecha de este país no tiene remedio ni inventiva para renovar su catálogo de enemigos, en pleno duelo nacional. Miserables carroñeros, cuyo único fin es el mismo o parecido al de los intelectuales de la barbarie: reclutar radicales para sus fines odiosos. Similar ideología, la de la exclusión y el señalamiento al diferente, mediante el recurso a la mentira y la manipulación.

Empezando por Herman Tertsch y su alusión a las CUP, pasando por Mayor Oreja y su imperiosa “necesidad” de escuchar a dirigentes catalanes hablar en castellano, hasta llegar a nuestra querida Gaceta de Salamanca, que suele reunir en sus textos a todo el conjunto ideológico patrio-fascistoide. Este diario ha criticado la colocación por el PP de la senyera en el balcón del Ayuntamiento, colocado a instancias del grupo Ciudadanos y sin que el resto de grupos supieran nada. No me puedo ni imaginar qué habría pasado si hubiera sido una iniciativa de Ganemos o el PSOE (éste presumo que jamás se hubiera atrevido).

No obstante, el máximo exponente del miserable buitre carroñero es su director, a quien no le duelen prendas en mentir, afirmando que no es cierto que los yihadistas maten más musulmanes que cristianos, mientras acusa a Podemos e IU de colocarse en tierra de nadie, por no firmar el pacto antiyihadista, ese que ha servido sobre todo para que gentes como él puedan “marcar” y señalar a los no firmantes como antiespañoles y proterroristas, mientras los políticos honorables salen en la foto (PP-PSOE).

El resultado de las medidas del pacto antiyihadista es conocido: incluir la pena perpetua en el código penal y provocar la condena de titiriteros, poetas, músicos y tuiteros, como se recordaba recientemente en las redes sociales. De lo que interesaba nada de nada, como recuerdan los expertos en la materia, mucha foto y poca chicha, aunque no todo el contenido es rechazable, como los planes de prevención de la radicalización o el supuesto compromiso de garantizar fondos presupuestarios, dos de los ocho puntos del acuerdo.

Nada que decir de las ideologías extremistas financiadas por países amigos, como Qatar o Arabía Saudí, con quienes nuestros gobernantes y afamados clubs de fútbol hacen negocios y se regodean por ello; ni desde luego de las operaciones armadas internacionales basadas en mentiras, como la intervención en Iraq, origen de los lugartenientes sunnies de ISIS. Y por supuesto que todos los parabienes para las fuerzas policiales y el gobierno, que luchan por nuestra seguridad, pero cuyos responsables no advirtieron de las andanzas del imán en busca y captura, con antecedentes penales por delitos de tráfico de drogas e incluso expulsado en el pasado de otros lugares, por su excesivo celo en el adoctrinamiento de jóvenes.

Y es que en Catalunya existen, al parecer, más de 80 centros de culto salafistas, y recordemos, no es el islam, es el salafismo, el responsable de dar soporte ideológico y de la radicalización de jóvenes, que suelen proceder de familias migrantes, que además de la discriminación sufren una grave crisis de identidad, lo que según los expertos les conduce fácilmente al extremismo de la mano de reclutadores islamistas, como el presunto autor intelectual de los atentados de Barcelona.

Este imán debería haber estado bajo vigilancia por los fuerzas y cuerpos de seguridad y por las propias comunidades islámicas, quienes también tienen la responsabilidad de reflexionar sobre la situación de sus jóvenes y entender que la mezquita no sólo es un lugar de rezo para la comunidad religiosa sino su lugar de encuentro y socialización por excelencia, donde se educa también para la convivencia, con pleno respeto a la constitución y los derechos humanos, evitando actividades extrañas, además de desviaciones y perversiones del islam, una religión bien próxima a la católica, para lo bueno y para lo malo.

Es por ello que los expertos reclaman hace tiempo menos reformas del código penal, inútiles para quien piensa en el suicidio que llevará al paraíso, y más colaboración profesional con las escuelas y las mezquitas, en el marco del laicismo positivo que reconoce nuestra constitución, acabando con las relaciones políticas clientelares entre políticos y religiosos, estudiando los modos de llevar a cabo una eficaz integración y prevención que detecte de forma temprana las problemáticas existentes en los barrios y las poblaciones con escasos medios, para actuar sobre las mismas y, de paso, evitar la tentación de los discursos xenófobos y racistas en la población autóctona.

En estos días estamos observando cómo estos discursos del odio inundan las redes sociales, basados en falacias difundidas hace tiempo por la extrema derecha neonazi, con el fin de romper la convivencia y colocar a la inmigración como la causante de todos los males, ahora de la crisis económica, ahora del terrorismo internacional. Todos ellos buitres, miserables buitres carroñeros. No pasarán, no debemos dejarles pasar.

(Imagen: Bernardo Vergara | eldiario.es)