La Sociedad de Consumo en la que estamos inmersos, el culto a lo bello y lo joven determina que muchos de los problemas cotidianos con los que nos  encontramos sean entendidos como enfermedades para las que siempre vamos a encontrar un remedio que nos libere de ellas.

Así las personas acuden a las consultas, especialmente de atención primaria, solicitando recetas para lo que simplemente es una inadaptación a situaciones normales  y que su solución no debe buscarse a través de este medio. El duelo por la pérdida de un ser querido, por una ruptura sentimental, o los cambios asociados al paso de los años: la calvicie, las canas, las arrugas; la dificultad para conciliar el sueño o el nerviosismo ante los exámenes son ejemplos por los que las personas se sienten enfermos y buscan refugio en la medicina.

Sin embargo acudir al médico siempre entraña un riesgo. Hay muchos estudios que nos informan de la sobreutilización de pruebas diagnósticas (analíticas, radiografías,…), de utilización de medicamentos e incluso de intervenciones quirúrgicas no indicadas, y que producen un número muy importante de los llamados “eventos adversos”, especialmente  relacionados con el uso de los medicamentos. Los médicos estamos educados para intervenir y nos es muy difícil convencer a nuestros pacientes cuando acuden a pedir pruebas, revisiones o recetas de fármacos, inducidos por las informaciones que se dan por los medios de comunicación que muchas veces están dirigidas para obtener beneficio: ¿quién ha decidido que el colesterol en la población general tenga que estar por debajo de 200?, y ¿que todas las mujeres a partir de la menopausia tengan que mirarse los huesos?, y ¿la próstata en los hombres a partir de los 50 años?

Nos encontramos frente a la denominada paradoja de la salud, existente tanto en la sociedad como a nivel individual en los países desarrollados, y que hace referencia a la constatación de que cuanto mayor es la situación objetiva de salud más son los problemas de salud declarados, y que cuanto mayores son los recursos empleados en salud mayor es la proporción de personas que se sienten enfermos.

Este proceso, que los entendidos llaman medicalización de la vida, no es un fenómeno que haya surgido de un día para otro. Las causas son complejas y entre ellas hay que identificar las que se refieren a la sociedad en la que encontramos con un aumento del valor de la salud, junto a la fascinación por la tecnología, unas expectativas ilimitadas, la disminución de los niveles de tolerancia, la búsqueda de soluciones inmediatas, y todo ello unido a una disminución de la capacidad de autocuidado. Los medios de comunicación participan con su información sesgada y utilizan su poder para realizar publicidad encubierta. Las administraciones diseñan los servicios basados en demandas y no en necesidades. Los profesionales sanitarios que son los responsables finales, la determinan como consecuencia de la presión a la que están sometidos tanto científico-técnica como social. Y finalmente la industria farmacéutica y de tecnología sanitaria en lo que se con estrategias comerciales cuyo objetivo es crear enfermedades donde realmente no existen, o bien acrecentar su gravedad, para vender medicamentos, pruebas médicas, etc., que realmente no están justificados según las evidencias científicas de que disponemos.

http://www.ocu.org/salud/medicamentos/informe/demasiados-medicamentos

En los últimos años es frecuente leer en los medios de comunicación que la precariedad económica ha determinado un empeoramiento de la salud y un aumento de los diagnósticos de depresión y ansiedad con un abuso de psicofármacos (antidepresivos y ansiolíticos), pero la realidad es que se están buscando soluciones médicas para lo que debe tener soluciones sociales, económicas y políticas. Las reacciones de “mala adaptación” a situaciones como la pérdida de trabajo, el acoso laboral, la violencia machista, el riesgo de quedarse sin vivienda… parece que deben tratarse como enfermedades y que siempre vamos a encontrar un fármaco que anestesie esos sentimientos peligrosos ( ira, desesperación, rabia…) para el poder establecido.

Es el momento de volver a la Declaración de la OMS de Alma-Ata  de 1978 (Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud) en la que se afirma que “el logro más alto posible de salud es un objetivo social sumamente importante en todo el mundo, cuya realización exige la intervención de muchos otros sectores sociales y económicos, además del de la salud”.

Es urgente una reflexión colectiva sobre hacia dónde nos conduce la ruta trazada, las consecuencias de la medicalización de la vida y sobre qué tenemos que hacer los distintos actores implicados para reconducir dicha situación.

La OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) en marzo 2014 puso en marcha la campaña “Que no medicalicen tu vida” para concienciar a la población sobre el uso excesivo de los fármacos.