El domingo 22 de Febrero, más de 15.000 personas nos manifestamos en Salamanca en una marea blanca para defender la sanidad pública. El número absoluto puede parecer no muy elevado, pero es casi el 10% de los ciudadanos de la capital. Si en Madrid sale a la calle el 10% de su ciudadanía, se habrían manifestado 320.000 personas.

El detonante para la movilización ha sido la situación en la que se encuentra el Hospital Universitario de nuestra provincia, que en los últimos años ha estado sometido a una política de recorte de recursos, mala gestión y retrasos en las promesas de construcción del nuevo hospital. Para colmar la paciencia de los ciudadanos, en los últimos meses se ha sabido que la plantilla orgánica del hospital suprime  91 trabajadores, entre ellos 19 médicos y 45 enfermeras. El Consejero de Sanidad cuando ha acudido a nuestra ciudad se ha reunido con diferentes interlocutores, despreciando a la Junta de Personal, y por si ello fuera poco, nos ha retado a la ciudadanía, ninguneando nuestra  capacidad de movilizarnos y salir a la calle a protestar.

Efectivamente la situación hospitalaria es alarmante, las listas de espera para acceder a consultas especializadas o para pruebas diagnósticas, es escandalosa, llegando a ser de más de un año. Las urgencias están masificadas, convirtiéndose en muchas ocasiones en la vía de escape de aquellos que consideran que no pueden esperar más, hay habitaciones cerradas y en más de una ocasión habitaciones de dos se trasforman en habitaciones para tres. El personal se encuentra desbordado por el trabajo, sufriendo una situación de estrés laboral que termina generando agotamiento emocional, baja autoestima con deseo de abandono de la profesión y despersonalización (Síndrome de Burnout), lo que finalmente repercute en la atención y el cuidado de los enfermos y familiares de los mismos.

Y ¿qué pasa con la Atención Primaria?. Si la Medicina Hospitalaria ha sufrido un recorte en sus presupuestos, en los Centros de Salud ha sido mayor. Los trabajadores de los Centros de Salud llevamos años reclamando condiciones que garanticen “10 minutos”, qué menos, para mantener un mínimo de calidad en la atención a nuestros pacientes, pidiendo un aumento de la capacidad de gestión de pruebas complementarias y de decisión en la organización de las consultas de nuestros interconsultores especialistas.  Mientras en Madrid se ha mantenido la marea blanca, los trabajadores de los Equipos de Atención Primaria de Salamanca hemos estado saliendo 10 minutos a la puerta a media mañana en solidaridad con su situación y reivindicando lo nuestro en los denominados  “Martes Negro”.

La pasada primavera hemos vivido otra gran manifestación: la movilización de las personas que viven en los pueblos y que han luchado por mantener los servicios sanitarios cerca y especialmente los servicios de urgencia. Si quitamos los servicios en los pueblos, la población se verá obligada a desplazarse a la ciudad, y poco a poco la despoblación se irá agudizando con la muerte de los que se quedan y el éxodo de los jóvenes.

La respuesta reivindicativa de los usuarios (propietarios) y trabajadores del Sistema de Salud,  ante estos atentados debe mantenerse y no disminuir esta lucha, porque la política que se está practicando desde las instancias de poder está dirigida a deteriorar más los servicios, siguiendo la táctica conocida de que para vender un servicio público , primero es desprestigiarlo para que los usuarios y los profesionales perciban su venta o la radical transformación como una necesidad inaplazable, haciéndoles creer que no existe otra solución para solventar estos problemas.

Finalmente, y probablemente por la presión ciudadana, el Consejero de Sanidad se ha reunido con la Junta de Personal Hospitalaria y ha realizado algunas promesas, pero las promesas son “humo que se lo lleva el viento”. No podemos bajar la guardia y abandonar la movilización, tenemos mucho que perder. Hay que exigir un Sistema de Salud Público, Universal y Gratuito.