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Estamos inmersos en un proceso de primarias que, en esencia, supone elegir unas personas para formar una lista. En este caso para gobernar el Ayuntamiento de Salamanca. Se presentan quienes se consideran capacitadas para esa función durante cuatro años, y todo aquel que lo desee puede elegir las que considera mejores.

Acostumbrados a que un dedazo aúlico disponga a quien elegir, a través de procesos inescrutables cuyos factores y elementos de decisión proceden de la providencia (por la gracia de Dios se decía antes), indudablemente las primarias son un avance. Por supuesto que hay partidos que las incluyen para elegir a su cabeza de lista electoral y, otro avance, para la dirección del propio partido. Incluso ya se han hecho primarias abiertas al que quiera participar sin militar en ningún partido.

Pero que una agrupación de personas sin ninguna vinculación previa, más allá de haber podido coincidir alguna vez en algo, con o sin militancia pero no vinculados por esta, que deciden llevar adelante un proyecto político y se someten a escrutinio previo de la ciudadanía, de quien quiera sin cortapisas, parece algo demasiado atrevido. Pero aquí estamos, en disposición de cambiar la forma de hacer política y gobernar el Ayuntamiento de nuestra ciudad para abrir de verdad sus puertas.

En realidad esa otra forma de hacer política existe desde hace mucho tiempo. Porque los políticos deben, y recordemos que todos lo somos (el antecedente griego de la palabra parece significar literalmente “de los ciudadanos”), ser honestos y respetuosos con los demás y con las normas de convivencia en sociedad. Así se dificulta la aparición de la corrupción, el despotismo o el despilfarro. ¡Vaya revolución!, pretender hacer las cosas bien, y hay que ver lo que asusta. Pues para eso un grupo de gente que vive en Salamanca hemos pensando que somos útiles intentando hacer las cosas de otra manera. O en realidad, de la manera adecuada.

Hemos formado un grupo más que interesante, pero no puedo ser objetivo, y entiendo que nuestro planteamiento es conseguir que el trabajo de recuperar la ciudad para la gente sea hacerlo en equipo. En un equipo muy grande, donde estén los que la ciudadanía ponga en el Ayuntamiento, los que continúen para mantener el proyecto vivo, y todos aquellos que se quieran sumar para hacer de la iniciativa algo ciudadano y vecinal de verdad. Sólo queda elegir a quienes cada persona juzgue más conveniente, y después entre todos podamos cambiar el mundo, lo necesitamos.