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Hemos pasado una semana llena de movilizaciones, reivindicaciones y política en la calle. La manifestación que cerró la semana alertaba en su propio  lema  de la falta de derechos sociales que tenemos la ciudadanía,  “Por la subida salarial. En defensa del convenio, por el empleo digno y los derechos sociales”.

Salíamos a la calle a reivindicar  salarios  justos y una mejora de  las economías familiares a través de las rentas del trabajo. Tenemos una  denuncia clara: que las familias no paguen la crisis del capitalismo.

Somos las familias, los trabajadores y trabajadoras, las que nos estamos  empobreciendo, aun madrugando todos los  días para ir a nuestro trabajo.

El poder adquisitivo de la clase trabajadora salmantina  ha descendido  un  11% de media, tres  puntos más que en el resto del Estado, sin olvidarnos que tenemos una tasa de paro del 20% que se eleva a un 53% en el caso de los jóvenes.

En Salamanca hemos alcanzado la  terrorífica cifra de 34.000 personas sin empleo  y otras  18.000 más que  no reciben  ninguna prestación  o todas aquellas personas que se han marchado de Salamanca, en muchos casos fuera de España, para poder tener una mínima posibilidad de trabajar( 5 habitantes al día marcharon de Salamanca en 2013). Pero aun con estos datos, tampoco  debemos olvidarnos de aquellas personas que  trabajando viven en la   precariedad , por poner  un ejemplo visible y que seguro que  nos toca a todas de cerca, el 40% de nuestras personas trabajadoras tienen un contrato eventual.

Hoy no me  voy a detener a hacer un análisis de género del mercado de trabajo, porque ya es indiscutible que la precariedad que caracteriza a nuestro mundo laboral es más visible en las mujeres, debido al punto de partida en el encontrábamos antes de la crisis y a  esas etiquetas que nos acompañan como son el ser consideradas menos productivas en el empleo y  ser las principales cuidadoras.

Ahora, encima, con esta situación laboral dan un  giro  más a la  tuerca de nuestros derechos laborales  y atacan de nuevo  a la negociación colectiva, con el único objetivo de avanzar hacia la individualización de las relaciones laborales. En  Salamanca existen 9 convenios de sector pendientes de negociar que afectan a más de 20.000 trabajadores y trabajadoras, así como 20 convenios de empresa que afectan a 1.100 trabajadores y trabajadora.  Una cifra que irá creciendo si no lo evitamos,  según vayan caducando los convenios y pasen a perder su ultractividad. Esta circunstancia  ha sido aprovechada  para rebajar hasta un 11% de media los salarios de los trabajadores y trabajadoras en nuestra comunidad.  Esta rebaja salarial no ha repercutido en la creación de empleo, eso sí, servir  ha servido, sobre todo  para aumentar los beneficios empresariales.

Está claro que tenemos que seguir en la calle reivindicando que el empleo es un derecho y no un privilegio. No podemos permitirles  que aprieten más nuestras tuercas.  Ahora es el momento de echarlos, de echar a todos aquellos que no  representan los intereses de la mayoría, aquellos que están a merced de los intereses de los mercados,  aquellos que quieren que la clase trabajadora se siga empobreciendo y que a la vez privatizan  el sistema educativo para que solo unos pocos tengan acceso a la educación.  Esta semana ha sido intensa, pero nos tienen que quedar muchas semanas como ésta  porque no vamos a permitir que nos aprieten más las tuercas.